chupando pollaSituada como estaba, ahora mi culo estaba al alcance del segundo joven. Éste miró a su compañero, que con la mirada parecía decirle que adelante, que se atreviese a hacer lo mismo. Noté como se animaba y se acercaba de repente y cómo su paquete quedó atrapado entre los cachetes de mi culo. Igual que su amigo, su polla se puso rápidamente dura al contacto y empezó a moverlo hacia los lados. Yo seguía haciéndome la distraída, como si no me diese cuenta de nada, pero mi coño empezaba ya a estar muy húmedo. Este joven era más atrevido y los movimientos empezaron a ser descarados, así que ya era algo evidente, no podía seguir con mi actitud de despistada como había venido haciendo. Miré al joven que tenía delante directamente a los ojos y le hice un guiño, señal inequívoca de que me estaba dando cuenta perfectamente de lo que su amigo hacía, además de ofrecerle una sonrisa pícara. Me acerque a su oído, doblando un poco mi cuerpo hacia delante, lo que hacía que el paquete del que tenía detrás se pegase más aún a mi culo y le susurré “que no se dé cuenta el resto del vagón, no nos vayan a echar”. Los dos jóvenes que tenía a ambos lados captaron también el sentido de mi mensaje y rápidamente hicieron un corro alrededor de mí, intentando aislar la visión de lo que ocurría del resto de los viajantes. Sintiéndose más seguro ahora, el chico que tenía detrás se atrevió a subir mi vestido hasta dejarlo a la altura de mi cintura, y los cuatro jóvenes pudieron contemplar por primera vez mi culo y coñito al desnudo. Sus caras eran de auténtica alucinación. Mientras el que tenía detrás seguía restregándose en mi trasero, yo empecé a palpar las braguetas de los otros tres y para mi placer descubrí que todos estaban empalmados y parecía que iban a romper sus pantalones.

“Yo me bajo en la próxima” dije al joven que tenía delante, guiñándole de nuevo un ojo con tono pícaro. Cuando paró el tren, acomode mi vestido y me bajé al andén y, por supuesto, los cuatro chicos hicieron lo mismo. Andaba contoneando mis caderas mientras ellos me seguían unos pasos por detrás, dándose codazos entre ellos y tocándose el paquete. Yo a veces me volvía hacia ellos para que entendiesen que quería que me siguiesen. Me dirigí a los servicios de la estación y me paré frente al de caballeros. Me volví y le dije a uno de los jóvenes que mirase si no había nadie dentro. Entró en los servicios y salió rápidamente asegurando que no había nadie. Entonces les conté mi plan. Yo entraría y me metería en uno de los servicios, dejando la puerta sin cerrar del todo. Ellos irían entrando de uno en uno y allí les aseguré que les iba a chupar la polla como no se la habían chupado nunca hasta que se corriesen en mi boca y que esperaba que estuvieran bien cargados, que quería tragar mucha leche, que tenía mucha sed y que todavía no había desayunado.

Se quedaron los cuatro con la boca abierta, sin creerse lo que acababan de escuchar. Decidida, me metí en uno de los servicios, que no estaba muy limpio, cosa que no me importaba, más bien le daba más morbo a la situación, haciéndola más sucia. Bajé la tapa del wáter y me senté a esperar. El primero no tardo mucho en aparecer, se quedó de pie frente a mi sin saber muy bien cómo actuar. Lo primero que hice fue bajar mi vestido por la parte de arriba y dejar al aire mis tetas. Luego bajé la cremallera de su pantalón y no con cierta dificultad, saque su polla al aire. Era una polla normal, no demasiado grande, pero bien dura. Como estaba ansiosa de carne me abalancé sobre ella y me la metí entera, hasta que los huevos chocaron contra mi barbilla. Empecé a mover mi boca hacia dentro y hacia fuera con bastante rapidez, y no había pasado ni un minuto cuando el joven soltó una abundante carga de leche caliente que me tragué muy gustosa. Seguí chupando hasta que dejó de salir líquido y la polla empezó a perder tensión. Me la saqué de la boca y volví a metérsela en el pantalón. “Gracias guapo, tu leche estaba deliciosa. Dile al siguiente que entre”. El muchacho se acomodó el pantalón y salió sin decir palabra. Creo que no se creía lo que había pasado.

Le hice el mismo tratamiento al resto de sus compañeros, sacando su polla del pantalón y devorándola con ansiedad, a veces agarrándome de su culo para que la penetración fuese más profunda y, cuando se corría, le daba las gracias por la leche recibida y le decía que llamara al siguiente. Con el último, que era el más guapo de los cuatro, quise darle un trato especial. Al igual que con el resto, bajé su cremallera y saque su polla fuera, pero esta vez, en vez de metérmela en la boca, puse mis manos en mi espalda y le dije “fóllame la boca bien profundo”. El chico me cogió de la cabeza con ambas manos y empezó a meter la polla, haciéndolo cada vez más rápido y llegando a lo más profundo con cada embestida. Sentía como su prepucio se adentraba en mi garganta cuando la metía a fondo, lo que me provocaba algunas arcadas, pero sabía soportarlas sin mucha dificultad. Mientras me follaba la boca, yo le miraba a los ojos, hasta que ya no pudo más y se corrió en el fondo de mi garganta, haciendo que su leche bajase directamente por mi esófago hasta el estómago. Cuando terminó la sacó de mi boca y yo me relamí, dándole igualmente las gracias por su rica leche. El chico salió y yo me levanté del wáter, recompuse mi vestido y salí del servicio. Allí me esperaban los cuatro muchachos, comentando la jugada.

“Gracias chicos, me habéis dejado satisfecha, mañana volveré a coger el mismo metro” y me marché contoneando mis caderas mientras ellos miraban embobados. Me dirigí a mi trabajo con el estomago lleno y la calentura saciada.

Category: Relatos